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Peter Lim cerraba este verano el fichaje de onçalo Guedes./twitter

La grada y los medios de comunicación

Antonio Silvestre

12-09-2019

Era lo esperado y tirando de tópico, la crónica de una muerte anunciada. ¿Anunciada o buscada? La cantidad de barbaridades que se están diciendo contra el señor Lim son absurdas, de gente escasamente instruida en unos casos o movida por intereses ajenos al club en otros. Veamos.

Peter Lim, presidente del consejo de administración de la sociedad Valencia CF S.A.D., en la que lleva invertidos 198 millones de euros y gestiona una deuda de otros 375 aproximadamente, de la que, cómo máximo accionista, es responsable directo, toma una decisión y, tras numerosas indicaciones al respecto desde que firmó a los dos máximos responsables de la parcela deportiva (ojo!, los firmó él, no Perico el de los Palotes. Lo digo porque algo sabrá de fútbol, no?), en vista de que no es atendida su decisión de invertir, cuidar, mimar, proteger y potenciar la Academia del VCF (algo que todo el mundo aplaudió en su día al señor Salvo), ni tampoco su decisión de generar recursos con la venta de jugadores importantes (de lo que ahora todo el mundo se extraña, cuando es consabida y necesaria), pues llama la atención a los susodichos responsables, les advierte seriamente que sepamos, una vez.

Pero ni Alemany ni García Toral le hacen caso. El primero, pasando de todo y esperando la finalización de su contrato para irse y no tener que pagar la indemnización si abandona antes. El segundo, que se cree más sabio, más listo y más guapo que ningún otro entrenador del mundo mundial, aprovechando su estrecha relación con los periodistas deportivos de la ciudad, incluso con algunos otros de Madrid (joder!, siempre Madrid), y blandiendo como espada invencible la clasificación Champions y el título de Copa, se enfrenta con descaro y con desprecio a quién le paga y acaba liando la de San Quintín. Ya lo hizo en Villarreal.

Porque no, amigos, no, el que rompe al Valencia no es el señor Peter Lim, ni mucho menos. Los que enmierdan el ambiente, a los jugadores, a la grada y a la prensa son Alemany y García Toral. Y lo hacen porque su soberbia les lleva a pensar que con los logros conseguidos en las dos campañas precedentes, con el apoyo de los informadores, las redes sociales y los fanáticos de Mestalla (que cada vez lo son más por desgracia), van a ser las víctimas en todo este asunto. Víctimas con la cartera repleta, no lo olvidemos.

A mí, que escucho, leo y veo todo del Valencia y de bastantes más cosas que no son el fútbol, me encorajina, me indigna profundamente que un señor, o veinte señores, digan desde sus plataformas potentes en Cope y Gol TV, en Antena 3, en TVE-1, en la Ser, en el As, en Marca, etc…, que Peter Lim destroza al Valencia «una vez más». Éstos y la pléyade de comentaristas de la mayoría de la prensa de la capital, que más forofos madridistas, barcelonistas o atléticos no los hay. Se pasan dos temporadas y lo que llevamos de ésta, criticando el juego del Valencia de Marcelino (que si es un equipo que no tiene ambición, que si es un juego a cara y cruz, que si entrega el balón al contrario, que si así lo va a tener crudo porque los demás se han reforzado mucho) y ahora a saco con el club, al que apenas conocen y del que nada saben, Maldini incluído, porque vienen una vez al año, si vienen, hacen un partido por radio o televisión y hablan de oídas. Y sus delegados en Valencia contribuyendo a meter leña en la hoguera. Así desde hace años. ¿Porqué no han censurado la bufonada del señor Gil Marín que quería comprarse un diamante sin tener ni un euro y perjudicando al jugador y a sus compañeros?

Más doloroso todavía es escuchar a los de aquí, a los que no dependen de tener contentos a los jefes para cobrar las colaboraciones en las tertulias además de sus salarios. Tertulias por cierto a las que invitan a dos exjugadores, a los que aprecié muchísimo como futbolistas pero que acabaron denunciando al club, por cierto. ¿Otra vez que si la Champions, que si la Copa? Pero vamos a ver: ¿de verdad que nadie va a analizar cómo juega este Valencia de Marcelino, nadie va a reparar en cómo se han conseguido ambos objetivos? (que son objetivos de salida, irrenunciables para el Valencia). Nadie recuerda que si no fallan el Sevilla, el Betis y el Getafe en la segunda vuelta y en el tramo final de competición, en marzo estábamos a 10 puntos de la Champions. Es decir, siete meses de temporada y el principal objetivo estaba muy, muy lejos. ¿Nadie se acuerda?

La Copa. ¿nadie se acuerda de cómo fueron las eliminatorias ante Sporting de Gijón (Segunda División), Real Betis y Getafe? Clasificados en los últimos instantes de cada uno de los 180 minutos, con una gran dosis de fortuna y sobre todo, con un compromiso brutal por parte de la plantilla. Claro que Marcelino está agradecido a los jugadores, porque de nos ser por ellos en esos momentos trascendentes, de haber dependido únicamente de sus planteamientos barraqueros y su escaso conocimiento del juego de ataque en estático, ahora todo estaría justificado, su despido y el del director general de los Vietto, Batshuayi, Rubén Sobrino, Jason y compañía.

Lim no ha cambiado ningún modelo, eso es falso, señores de los medios. Desde el primer momento lo dijo: dada la situación económica, el futuro pasaba por un buen trabajo de cantera, fabricar y vender jugadores durante unos cuantos años. Los que han querido cambiar el modelo son Alemany y García Toral. Y sus amiguetes de la prensa. El señor «Miyagui» Lim es el propietario del Valencia, ha puesto un pastón que nadie quiso poner en esta ciudad, tiene marrones económicos heredados por resolver y quiere promoción para la Academia. ¿Para seguir rentabilizando su inversión? Pues claro que sí. Y con una política bien dirigida y estructurada de cantera, equipos como el Barcelona, Borussia Dortmund o el Arsenal en su día y el Ajax más reciente, han campeonado en su países y sobre todo, lo más importante, han divertido a sus aficionados. Pero claro, tenían grandes entrenadores, discretos y ambiciosos, centrados en la consecución de objetivos, no en el reconocimiento personal.

Mirar, lo que está demostrado es que el fútbol actual es un sector profesional, dirigido por profesionales, en los que se juega con mucho dinero de por medio. Aquí ya no valen los romanticismos ni las fidelidades a muerte. Sólo vale la consecución de objetivos, los económicos primero y los deportivos, después. Cuanto mejor sea la gestión profesional, más atractivo será para el aficionado. Eso de hacer capillitas con los jugadores y con un alto ejecutivo, eso de hacer declaraciones provocativas cuando no amenazas veladas («sin Rodrigo habrá que revisar los objetivos» o «nosotros nos hemos equivocado buscando hacer el bien del equipo» o «si se va Mateu yo me voy con él», entre muchas otras), todo eso ha pasado a la historia del fútbol, eso son mamonadas, eso no es ser profesional. Si además, el equipo juega para aburrir a las ovejas, blanco y en botella. Bienvenido Albert Celades. Tu suerte será la de mi equipo del alma.

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